Venezuela es una nación de población mayoritariamente joven. Esto significa que cuenta con una fuerza renovadora de gran vitalidad (Cf. JBNJ 5). Ante esta realidad, la Iglesia en Venezuela reafirma, como ya lo hizo en el Concilio Plenario, su opción preferencial por los jóvenes (Cf. JBNJ 2, 35). Por eso quiere “presentar a los jóvenes el Cristo vivo, como único Salvador, para que, evangelizados, evangelicen y contribuyan, con una respuesta de amor a Cristo, la liberación integral del hombre y de la sociedad, llevando una vida de comunión y participación”
(cf. DP 1166; JBNJ 4).

Esta opción se ha realizado principalmente a través de la PASTORAL JUVENIL la cual se define a sí misma como “la acción organizada de la Iglesia para acompañar a los jóvenes a descubrir, seguir y comprometerse con Jesucristo y su mensaje para que, transformados en hombres nuevos, e integrando su fe y su vida, se conviertan en protagonistas de la construcción de la Civilización del amor”.1

Hay muchas formas de definir al adolescente y al joven.

En el marco legal venezolano “…se entiende por adolescente toda persona con doce años o más y menos de dieciocho años de edad” 2 y “se consideran jóvenes a las personas naturales, correspondientes al ciclo de vida entre las edades de quince a treinta años, que por sus características propias se considera la etapa transitoria hacia la adultez”3 . Estas definiciones son insuficientes, ya que colocan la atención sólo en la edad y en su referencia a la adultez. Y sabemos muy bien que ser adolescente o joven es mucho más que eso.

Sin embargo, estas definiciones ayudan a la Pastoral Juvenil a comprender quienes son los protagonistas y destinatarios de su acción Pastoral: los que tienen entre 12 y 30 años de edad. Esto significa que el campo de acción es grande, ya que cerca del 30% la población de Venezuela (unos 10 millones de los habitantes) se ubica entre estas edades.

Hay quienes conciben la juventud sólo como una etapa preparatoria. Eso implica ver al joven prioritariamente como alguien que necesita ser preparado, que sólo tiene que aprender y nada que enseñar al mundo adulto. Para la Pastoral Juvenil, esta forma de ver las cosas es inadecuada, ya que el joven tiene mucho que aprender, pero también mucho que enseñar. No es sólo protagonista del futuro, es también un protagonista del presente.

La Pastoral Juvenil no está de acuerdo con quienes ven a la juventud como una etapa problemática, ya que eso lleva a considerar al joven como alguien que genera conflictos, hace cosas erróneas, no respeta las tradiciones, no cumple las normas, lo cuestiona todo. Detrás de este modo de pensar, se oculta (velada o explícitamente) un espíritu de desconfianza, y hasta de desamor, hacia la juventud, y la Pastoral Juvenil, por el contrario ama y confía en los jóvenes.

Por eso se esfuerza en promover la comprensión de la juventud como potencial transformador; como fuente de renovación, capaz de transformar al mundo. Está convencida que la juventud, más que un problema, es una solución. Eso permite valorar al joven no por lo que puede ser, sino por lo que el joven es hoy, reconociéndolo de esta forma como lugar y realidad teológica.4

La Pastoral Juvenil encuentra y acompaña al joven como un sujeto de derechos, en el camino de la autonomía. De allí que apueste por la formación de la juventud en su personalidad, a través de una pedagogía integral, que parte de una antropología cristiana en la cual se presenta a Jesús como modelo humano de felicidad y realización del joven. Además, valora el grupo, la organización en el trabajo con los jóvenes y que el protagonismo juvenil se vea complementado y enriquecido por la asesoría, por la experiencia de los adultos.

A lo largo de más de tres décadas, por medio de diversas iniciativas y experiencias (Asambleas, Encuentros Nacionales, Escuelas de Formación, etc.) la Pastoral Juvenil, contando con la animación y apoyo de la Comisión Episcopal y el Departamento de Pastoral Juvenil de la Conferencia Episcopal Venezolana, ha ido consolidando un dinamismo evangelizador y organizativo que ha producido muchos frutos.

Frutos de esta maduración han sido: 1- La constitución de la Coordinación Nacional de Pastoral Juvenil, en la que están integrados jóvenes y asesores de cada una de las Provincias Eclesiásticas, de la Red Nacional de Movimientos Juveniles y del Servicio de Animación Misionera Juvenil Jovenmisión y 2 – la elaboración, desde el año 1997, de un Plan Nacional de Pastoral Juvenil.

Hoy quiere avanzar y profundizar en este dinamismo a través del Plan Nacional 2017-2020. Este Plan Nacional, en continuidad con los anteriores y busca “lograr una Pastoral orgánica que integre las fuerzas de la Iglesia dedicadas a la Pastoral Juvenil, valore la multiplicidad de carismas que la enriquecen, y haga converger la acción de todas las Pastorales, en particular la vocacional y misionera, en proyectos comunes, dirigidos a la formación de los jóvenes” (JBNJ Desafío 6)

En su desarrollo se ha seguido la metodología propuesta por la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Santo Domingo 1998) que señala que “la Pastoral Juvenil promoverá el protagonismo de los jóvenes a través de la metodología del ver, juzgar, actuar, revisar y celebrar” (SD 119). Esta metodología es para el joven hoy “un estilo de vida y una espiritualidad que vive y celebra el descubrimiento de la presencia de Dios en la historia, la actitud de conversión personal continua y el compromiso para la transformación de la realidad”5.

Este Plan ha sido elaborado a lo largo del año 2016, partiendo de un proceso de consulta a los Secretariados Diocesanos (Febrero, Marzo) y la realización de las Asambleas Provinciales de Pastoral Juvenil (Abril, Mayo). Los aportes recibidos fueron presentados, reflexionados y profundizados en la Asamblea Nacional Extraordinaria realizada los días 24 y 25 de Junio. De cara a la elaboración de un documento de trabajo para la XXX Asamblea Ordinaria, las conclusiones de esta Asamblea fueron retomadas en la reunión de la Coordinación Nacional realizada en Barquisimeto, del 2 al 4 de Septiembre del 2016, siendo finalmente aprobado el presente Plan Nacional de Pastoral Juvenil para los años 2017-2020 en la XXX Asamblea Nacional de Pastoral Juvenil realizada del 7 al 9 de Octubre en la Ciudad de Caracas.

Asumido con entusiasmo y generosidad por cada uno de los jóvenes, coordinadores y asesores, este Plan Nacional de Pastoral Juvenil será con toda seguridad, un instrumento decisivo para la Revitalización de la Pastoral Juvenil en Venezuela.